Enero es una fecha importante para la Iglesia Católica y la familia Salesiana ya que se celebra la vida y enseñanzas de San Juan Bosco, padre, maestro y amigo de los jóvenes; que a lo largo de su vida tomó como ejemplo el amor del pastor por sus ovejas, guiado por la Virgen María entregó su trabajo y dedicación al bien de la Iglesia y la juventud.

Durante todo el mes se desarrollaron diferentes actividades conmemorativas, siguiendo los protocolos de bioseguridad y respetando el distanciamiento social; la comunidad Salesiana se mantuvo unida, viviendo con fervor y alegría está gran fiesta.

Entre las actividades, se realizó la “Novena a San Juan Bosco”, cada día de oración estuvo marcado por una intensión especial dirigida a Don Bosco; asimismo, se llevó a cabo la Misa de Solemnidad, que estuvo presidida el presbítero Alfonso Everestz, quien agradeció por la vida y providencia de San Juan Bosco, reconociendo que es una manifestación de la gloria y santidad de Dios; además, comparando la grandeza de Don Bosco con Mamá Margarita una mujer valiente, que lo acompañó en su crecimiento, formando su carácter, e inculcándole la fe; abriendo horizontes que el Espíritu Santo concretaría, dándole a la Iglesia y la humanidad un hombre como San Juan Bosco.

Un hombre que siempre estuvo al servicio de los demás, fundador de la Congregación Salesiana, y declarado por San Juan Pablo II “Padre y Maestro de la Juventud”.

Para Don Bosco vivir en gracia, era dejar todo pecado, era vivir de verdad como auténticos hijos de Dios, por lo que, el padre Evertsz invitó a todas las personas a seguir su ejemplo, tomando el reto de vida que Dios le concede a cada uno para trabajar con el corazón, coraje y esperanza, practicando la misma caridad apostólica en búsqueda de la salvación de los hermanos para servirle a Dios, guiados por los modelos de vida de Don Bosco, Mamá Margarita y Francisco Bosco.

Y para culminar, el 31 de enero se vivió con gran devoción el homenaje a San juan Bosco a nivel nacional e internacional, día en que la Iglesia honra de forma especial la memoria de Don Bosco, que partió a la eternidad el 31 de enero de 1,888, y que dirigió sus últimas palabras a los jóvenes diciendo: “¡Decid a mis muchachos que los espero a todos en el paraíso!”